Actualizado el 02/05/21

Valentina es una mujer peumina, que nació en la comuna y vivió toda su infancia y adolescencia en Peumo, migrando a la ciudad sólo por motivos de sus estudios de antropología. Sus raíces se relacionan mucho con la vida de campo en el sector de Concha y Toro y Codao, se empapó de la vida rural y de pequeña ha observado la vida del campesino, lo cual ha sabido plasmar en sus escritos. Viene de un núcleo familiar predominantemente femenino que también ha marcado a la Valentina de hoy.

Valentina se considera defensora del medioambiente y de una vida ecológica, es feminista y defensora de las diversidades y las disidencias.

Desde aquella infancia temprana, Valentina ha estado acompañada por un diario que le ha permitido registrar su sensibilidad, intimidad, temores, alegrías, sanaciones. Comenzó registrando las vivencias de la niña que fue hace algunos años y de manera paulatina su vida fue creciendo junto a la escritura, cuando logra mirar atrás se da cuenta que sus registros líricos son más grandes de lo que nunca imaginó.

Profesores como el gran Carlos Carvajal comenzaron a marcar su vida literaria influyendo positivamente en el desarrollo de la escritura. Ya en su bachiller universitario tomó cursos de escritura y literatura que le sirven como experiencia para comprender obras de grandes autores.

Dispone de muchos escritos que ha hecho público y otros tantos que aun no se conocen. A pesar de no considerarse plenamente artista, sus palabras y sobre todo escuchar la fuerza de sus lecturas dicen totalmente lo contrario. Tanto así que ya podría compilar material en un libro.

Junto con la escritura, ha explorado la perfomance a través de la lectura artística y potente en público de sus propias creaciones, de modo que tomen mayor fuerza, acompañando con música o ambientación que potencian el mensaje de sus escritos.

Entrevista a Valentina Oliva en Podcast Dimension-P
Escritos de Valentina
ENRAIZADA
Valentina Oliva Cornejo

Aquella mujer, se niega a salir de su cama,
abriga su cuerpo en sábanas sin importar su estación, 
desde allí viaja cada tanto, a su primer universo, 
una casa de días antiguos en la orilla del camino, 
suelta delirios de una infancia lejana, 
habita el pasado a través de recuerdos parcelados, 
transita por las habitaciones buscando el calor envolvente de ese paraíso material. 
La casa busca en ella la maternidad, 
los brazos que sostuvieron las paredes agrietadas, permanecen hoy retratadas en su piel. 
Ella sabía que cuidaba tierra ajena, sin obedecer limitaciones imaginó su predio, 
prolongó su intuición. 
¿Cómo irradiará el sol? 
¿Cómo golpeará el viento? 
¿Cómo lo protegeré del frío? 
Perdió la distancia, se encontró con sus sueños cultivados, 
alimentó diez niños. 
El día que el patrón fue a reclamar su tierra, la mujer inmóvil quedó. 
Sin siembra, sin cosecha, sin casa. 
Aquel hombre ciego, ignoró el espacio vivido, demolió historias y memorias, 
solo quedan restos perdidos, bajo parras que se expanden sin amor. 
El patrón no sabe que la mujer no abandonó la casa, habita cada día, resiste su demolición. 
Enraizada en esa cama, se niega a la adaptación urbana, 
y espera allí el viaje delirante a una parte del cosmos 
que montó en las tierra alcanzadas.